Mario Vargas Llosa sobre su profesor de francés, el poeta César Moro
Recuerdo imprecisamente a César Moro, lo veo, entre nieblas dictando sus clases en el colegio Leoncio Prado, imperturbable ente la salvaje hostilidad de los alumnos, que desahogábamos en ese profesor frío y cortés, la amargura del internado y la humillación sistemática que nos imponían los instructores militares. Alguien había corrido el rumor de que era homosexual y poeta: eso levantó a su alrededor una curiosidad maligna y un odio, agresivo que lo asediaba sin descanso desde que atravesaba la puerta del colegio. Nadie se interesaba por el curso de francés que dictaba, nadie escuchaba sus clases. Extrañamente, sin embargo, este profesor no descuidaba un instante su trabajo. Acosado por una lluvia de invectivas, carcajadas insolentes, bromas monstruosas, desarrollaba sus explicaciones y trazaba cuadros sinópticos en la pizarra, sin detenerse un momento, como si, junto al desaforado auditorio que formaban los cadetes, hubiera otro, invisible y atento. Jamás adulaba a sus alumnos. Nunca utilizaba a los temibles suboficiales para imponer la disciplina. Ni una vez pidió que cesara la campaña de provocación y escarnio desatada contra él. Su actitud nos desconcertaba, sobre todo porque parecía consciente, lúcida. En cualquier momento hubiera podido corregir de raíz ese estado de cosas que, a todas luces, lo estaba destruyendo: le bastaba servirse de uno de los innumerables recursos de coacción y terror que aplicaban, en desenfrenada competencia, sus "colegas" civiles y militares; sin embargo, no lo hizo. Aunque nada sabíamos de él, muchas veces, mis compañeros y yo, debimos preguntarnos qué hacia Moro en ese recinto húmedo e inhóspito, desempeñando un oficio oscuro y doloroso, en el que parecía absolutamente fuera de lugar.
Publicado en la revista Literatura. Lima nº 1, febrero de 1958
José María Arguedas sobre su experiencia como maestro:
“Yo he sido profesor durante muchos años en la sierra y en la costa. Debo confesarles que cuando me nombraron profesor de gramática o de castellano, hacia 1939, fui a pedir en primer lugar un programa del curso que debería dictar y me encontré con la sorpresa de que no conocía casi nada del programa.
Me había olvidado por completo de la gramática; sin embargo yo tenía ya algún prestigio como escritor, y el hecho de que no conociera la gramática y sin embargo fuera un escritor de cierto prestigio me estaba demostrando, por un lado que el conocimiento exclusivo de la gramática no es lo más importante para aprender a escribir y expresarse.
Si el conocimiento mismo de la materia que uno va a enseñar es muy importante, en segundo lugar es importantísimo conocer el modo de ser de las personas a quienes les vamos a enseñar y en tercer lugar cómo les vamos a enseñar.
Desgraciadamente ustedes me perdonarán esta frase, porque quizá entre ustedes hay muchos normalistas, en los centros de formación de maestros se da una importancia excesiva a los métodos y mucha menos importancia a esos dos factores que son de los más importantes: el conocimiento de las materias que se deben enseñar y sobre todo de qué modo puede uno acercarse al espíritu de los niños para ganar su confianza y su amistad, su cariño, sin el cual no es posible ninguna formación de instrucción y mucho menos de educación”. — con Letra Cierta Ica y 10 personas más.
“Yo he sido profesor durante muchos años en la sierra y en la costa. Debo confesarles que cuando me nombraron profesor de gramática o de castellano, hacia 1939, fui a pedir en primer lugar un programa del curso que debería dictar y me encontré con la sorpresa de que no conocía casi nada del programa.
Me había olvidado por completo de la gramática; sin embargo yo tenía ya algún prestigio como escritor, y el hecho de que no conociera la gramática y sin embargo fuera un escritor de cierto prestigio me estaba demostrando, por un lado que el conocimiento exclusivo de la gramática no es lo más importante para aprender a escribir y expresarse.
Si el conocimiento mismo de la materia que uno va a enseñar es muy importante, en segundo lugar es importantísimo conocer el modo de ser de las personas a quienes les vamos a enseñar y en tercer lugar cómo les vamos a enseñar.
Desgraciadamente ustedes me perdonarán esta frase, porque quizá entre ustedes hay muchos normalistas, en los centros de formación de maestros se da una importancia excesiva a los métodos y mucha menos importancia a esos dos factores que son de los más importantes: el conocimiento de las materias que se deben enseñar y sobre todo de qué modo puede uno acercarse al espíritu de los niños para ganar su confianza y su amistad, su cariño, sin el cual no es posible ninguna formación de instrucción y mucho menos de educación”. — con Letra Cierta Ica y 10 personas más.

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