Estrategias de lectura y escritura en primero
https://www.youtube.com/watch?v=J0_T7yT9Ck
CÓMO ENSEÑAR EL ABECEDARIO
https://www.youtube.com/watch?v=eFLi_-gBfMs
lunes, 21 de abril de 2014
jueves, 10 de abril de 2014
sábado, 5 de abril de 2014
LA SUERTE DE PODER OLVIDAR
En la vida solo hay una cosa segura, aparte de la muerte y las dificultades. No importa lo mucho que lo intentes, no importa lo bueno que sean tus intenciones: vas a cometer errores, vas a hacer daño a la gente, van a hacerte daño y si quieres recuperarte sólo hay una cosa que puedes decir. Cuando alguien hace que nos equivoquemos, queremos tener razón. Sin el perdón nunca se ajustan las cuentas, las viejas heridas nunca se curan, y lo máximo que podemos esperar es que un día tengamos la suerte de poder olvidar.”
La Anatomía de Grey
La Anatomía de Grey
LIDIAR CON MIS DEMONIOS, POESÍA
En el proceso aprendiste a lidiar con tus demonios cuando silenciosamente te atacaban por las noches; obligándote a revivir cada momento que pasaste a su lado. Cada recuerdo era más que una tortura. Pasabas horas acompañada de la soledad. Te hiciste amiga de la melancolía, y hasta de vez en cuando le invitabas un café, sin azúcar, bien amargo. El silencio se convirtió en el único testigo de tus llantos, de tu sonrisa fingida, de ese ‘’estoy bien’’ que se escapaba de tus labios cuando alguien te preguntaba qué tal estaba, pero en realidad por dentro te moría, lenta y dolorosamente. De tanto vacío que había en tu alma, deseaste fundirte con la oscuridad, ser parte de ella. Había días que preferiste no tener memoria, querías volar, pero tus alas se encontraban rotas; anhelaste un beso suyo, pero decidiste reprimir cada deseo, cada impulso que te hacían querer buscarlo, saber de él. Te mirabas en el espejo tratando de encontrarlo, pero te percataste que ya no estaba en tus ojos.
Sí, amiga mía, cuanto te costó el olvido, aprendiste a base de dolor que es mejor retirarse dignamente a seguir insistiendo ser parte de la vida de alguien que no te quiere en la suya. Ahora estás feliz, te encuentras volando al compás del viento, cantando al unísono de las aves, bailando al son del olvido.
Sí, amiga mía, cuanto te costó el olvido, aprendiste a base de dolor que es mejor retirarse dignamente a seguir insistiendo ser parte de la vida de alguien que no te quiere en la suya. Ahora estás feliz, te encuentras volando al compás del viento, cantando al unísono de las aves, bailando al son del olvido.
PARANOICOS
Fernando Araújo Vélez y Alejandro Araújo Larrahondo
Soy paranoico. No lo voy a negar, y tampoco sé si quiero justificarlo o si podría hacerlo con absoluta claridad. Tal vez nada de eso importe demasiado ya. A mí me basta con saber que desde niño me sentí observado, que cuando iba por una plaza tenía que recorrerla por un costado porque el centro era poco menos que un infierno. Allí podían masacrarme, silbarme, lanzarme una piedra, escupirme o, lo peor, burlarse de mí. Yo era un blanco muy fácil de encontrar, o eso creía.
Era un manojo de inseguridades por las críticas en la casa, por las comparaciones con los otros hermanos, porque antes cualquier adulto se creía con el derecho de “corregirte”, por las malas notas en la escuela. O fundamentalmente por las notas de la escuela, pienso hoy, notas malas o buenas o regulares que terminan siendo una afrenta contra un niño, contra un ser humano, contra cualquiera, porque te califican, porque deciden si sirves para algo, si sabes algo, si tienes futuro, si eres mejor o peor que otros.
Todo eso me amilanó, pero aquel apenas era un leve comienzo. Luego se sumarían a la lista la inseguridad de Bogotá, los buses que se te echaban y echan encima, los taxis, los atracos, los policías que te detenían en cualquier esquina y te trataban como delincuente, y si protestabas, te llevaban en un camión con el etéreo cargo de “irrespeto a la autoridad”. ¿Qué autoridad?, maldita sea. ¿Y por qué alguien debe tener autoridad sobre otro? ¿Quién les concedió el derecho de poseer La autoridad?
Tres veces acabé en el camión, y otras tantas en un calabozo, simplemente porque mirar a un policía o a un militar, mirarlo nada más, era signo de irrespeto a la dignidad de la autoridad, como me dijo un coronel una de aquellas veces. Ellos también iban y van con sus paranoias a cuestas, ¿no? Ellos también. Nuestros encuentros eran de docenas de paranoias que se juntaban. Nada bueno podía salir de ahí, y nada bueno salió de tantas inseguridades, de tantos temores, de tantas venganzas contenidas y por venir. Una tarde, seis meses después de mi último encierro, el coronel aquél me llamó para ofrecerme un trabajo. Usted tiene el perfil perfecto, dijo. Yo era un desempleado más, un irascible y perseguido desempleado más. Al día siguiente, con cargo de agente especial, comencé a grabar y a escuchar las llamadas telefónicas de todo tipo de sujetos. Hombres y mujeres, gente del común, personajes encumbrados, criminales. Todos, tan paranoicos como yo. Cuentas cifradas, citas clandestinas, pecados ocultos, conspiraciones, atentados, miedo… Oír tanta porquería me llevó a concluir que la humanidad es un invento que fracasó, y por eso me persigue.
EL NEGOCIO DEL AMOR
Fernando Araújo Vélez
Mi oferta son tres besos, dos tardes de cine y una noche de fantasía al mes, una especie de poema si estoy de buenas, dos sonrisas forzadas para huir de tus reclamos y una plena; cinco llamadas a la semana, todos los pasajes de bus, la posibilidad de comprarme un Renault 4 y mi viejo abrigo en las noches de invierno. A cambio, demando tu mirada, tu belleza o la belleza que yo percibo en ti, tu sonrisa sin exageraciones, que ojalá pierdas esos tres o cuatro kilos que te sobran, que no me lleves adonde tu familia sino una vez cada dos meses, que sigas empeñada en enamorarme, pero que no trates de impresionarme y que aparentes tu ingenuidad tan bien como sólo tú lo sabes hacer.
Yo te robo, tú me robas. El amor es un crimen, aunque suene a tragedia. Te robo tus miradas cuando crees que nadie te ve, cuando no actúas, cuando eres tú con todos tus temores, anhelos, crisis, sacrificios y penas. Te robo la idea de encontrar en mí o en cualquiera un príncipe azul, como te la inculcaron en casa, con las películas, con los comerciales, con Disney, y te atraco en tu afán de hacerme a tu imagen y semejanza, porque si me elegiste como soy, sólo debes dejarme ser como soy. A cambio, dejaré que me atraques una noche cada tantas, te lleves la radio y los televisores, los computadores y los libros, y conversemos hasta el amanecer para creer, por unas horas al menos, que el amor es una larga conversación. Dejaré que te robes e inventes mis pensamientos, los que te asustan porque no sabes cómo llenar, los que te emocionan y jamás adivinas.
Tú me olvidas, yo intento olvidarte. El amor es un contrato a término fijo, aunque jamás nos lo advirtieran. Prefirieron hablarnos de “para toda la vida”, y se olvidaron del “es eterno mientras dura”. Eligieron las hadas y los milagros, la magia, y olvidaron el trauma, el día a día, el detalle que se repite, y que de tanto repetirse nos hace sospechar sobre el todo, porque la crema dental regada no es lo que revienta, es que detrás de la eterna crema dental regada están la indiferencia y el hastío que te produzco y no puedes ocultar. Detrás de la crema dental regada está, estaban, tu infinito deseo de olvidarme, y mi absurda pretensión de domarte.
http://blogs.elespectador.com/elmagazin/2014/03/28/el-negocio-del-amor/
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