sábado, 22 de marzo de 2014
YOUTUBE Y FECEBOOK CON NUEVAS REDES DE COMUNICACIÓN
http://www.elespectador.com/tecnologia/de-youtube-youporn-articulo-481885
lunes, 17 de marzo de 2014
POR QUÉ DEJAMOS DE DIBUJAR
POR QUÉ DEJAMOS DE DIBUJAR?
Todos los seres humanos tenemos la capacidad innata de dibujar. El dibujo infantil es una parte fundamental de nuestro desarrollo hacia la comprensión del mundo que nos rodea y todos los niños dibujan, como medio de expresión y como juego. Sin embargo al llegar a la adolescencia algo hace que muchos de nosotros renunciemos a esta capacidad de representación gráfica.
¿Por qué dejamos de dibujar?
No podemos hablar de un motivo único pero sí podemos apuntar algunos factores que sin duda tienen influencia. En primer lugar, la escuela no se ha esforzado en potenciar la capacidad de representación gráfica. Como explica Howard Gardner cuando se refiere a la teoría de las inteligencias múltiples, la educación tradicional se ha centrado en el desarrollo las inteligencias lingüístico-verbal y lógico-matemática relegando a un segundo plano todas las demás, entre ellas la inteligencia espacial dentro de la cual se incluye la capacidad de percepción y representación visual.
Por otro lado, el dibujo se ha asociado históricamente al arte y a la estética ignorando todas sus demás aplicaciones que no tienen una pretensión estrictamente artística. Esto condiciona nuestra manera de mirar nuestros propios dibujos y los que nos rodean, calificándolos de “buenos o malos” en base a cánones estéticos académicos como la proporción, el naturalismo, la composición o el equilibrio cromático. Así, a excepción de aquellos cuya manera de dibujar encaja con este canon o quienes poseen una vocación impermeable a toda crítica, la mayoría acabamos concluyendo que “no sabemos dibujar” o “no se nos da bien” y abandonamos la práctica.
¿Por qué debe preocuparnos?
También para esta pregunta hay múltiples respuestas. La primera, en la línea de lo apuntado más arriba, es que el dibujo no es exclusivamente una forma de arte. Ante todo es una herramienta comunicativa, un medio para resolver problemas, visualizar nuestras ideas, analizarlas, criticarlas, mejorarlas, crear ideas nuevas y compartirlas con otros, no un fin. Cuando observamos algo con el propósito de dibujarlo, nuestra mirada es mucho más profunda; comprendemos el funcionamiento de las cosas y proyectamos nuestro pensamiento sobre el papel. El dibujo crea la necesidad de estudiar y responder a los detalles, estimulando la imaginación y el pensamiento.
Durante siglos ha prevalecido la idea de que la imagen no es más que un complemento del texto. El mismísimo Platón era un claro opositor de la imagen y no dudaba en afirmar que el lenguaje verbal es el único vehículo de la inteligencia. Sin embargo, ahora sabemos que lo visual constituye un lenguaje por sí mismo. El lenguaje visual y el lenguaje verbal poseen cualidades y aplicaciones diferentes y el hecho de que puedan complementarse o que un mismo mensaje pueda comunicarse a través de ambos lenguajes no significa que puedan sustituirse. Para determinados mensajes el lenguaje visual es más claro, directo y rápido, como demuestra el boom de las infografías o algo tan común como las señales de tráfico.
El dibujo es la forma más sencilla y directa de construir mensajes visuales y expresarnos gráficamente. Si lo entendemos como una habilidad humana universal y lo equiparamos al lenguaje verbal, resulta evidente la incoherencia que supone que renunciemos a utilizarlo. Nadie deja de escribir porque tenga ‘mala letra’ o porque no sea un gran escritor. ¿Por qué aceptar que estos mismos motivos justifiquen el que dejemos de dibujar? Al fin y al cabo escribir y dibujar no son tan diferentes si consideramos que las letras son grafismos.
Por otro lado, en el mundo actual el desarrollo de nuestras facultades para leer, interpretar de forma crítica y construir mensajes visuales es especialmente importante ya que vivimos inmersos en una cultura dominada por la imagen. Alrededor del 80% de la información que recibimos nos llega a través del sentido de la vista y el lenguaje visual hace que un mensaje sea más atractivo, más accesible a la comprensión, más persuasivo y más fácil de recordar. Vivimos bajo el estímulo permanente de imágenes que nos llegan a través de los medios y canales de comunicación. Este bombardeo continuo de información en forma de imágenes ha hecho que aprendamos de forma autodidacta a leerlas, pero sólo de forma superficial. Por ejemplo, sabemos leer en una imagen publicitaria lo que su creador quiere transmitirnos -las cualidades del producto que nos harán desearlo- pero no somos capaces de interpretar de forma crítica la imagen publicitaria y descifrar qué ideas subliminales nos está trasladando -como estereotipos de género que consolida- o a qué estrategias puede estar recurriendo para manipularnos. La alfabetización visual, entendida como capacidad para producir y leer imágenes, debe ocupar una posición primordial entre las habilidades que ayuda a desarrollar la educación artística.
¿Cómo podemos recuperar la práctica del dibujo y mejorar nuestras competencias en el lenguaje visual?
Es sencillamente una cuestión de práctica pero no es fácil ponerse directamente a dibujar por el placer de hacerlo, lo cual nos llevaría de nuevo al terreno del arte. Si lo que queremos es que nuestros alumnos descubran el potencial del dibujo como herramienta y proceso lo lógico es proponerles actividades en las que pongan en práctica precisamente esto. Estos son algunos ejemplos:
- El bloc de dibujo: Ésta no es una actividad en sí misma sino el “contenedor” de todas las demás. Se trata de que cada alumno elija un bloc de dibujo – escogiendo cuidadosamente el formato, tipo de papel y encuadernado que le invite a dibujar – para realizar en él todos sus dibujos. El objetivo es que lo llevemos siempre encima y aprovechemos cualquier momento para dibujar. La única regla es no arrancar ninguna hoja ni borrar ningún dibujo. Algunas ideas con las que llenar el bloc: esquemas, apuntes y mapas mentales de otras materias o trabajos, visualizaciones de problemas de física o matemáticas; un plano de distribuciones alternativas para tu habitación, la lista (gráfica) de la compra o de lo que llevarás en la maleta a un viaje, un plano para indicar a alguien cómo llegar a algún sitio, garabatos mientras hablas por teléfono, una receta (gráfica) de cocina, dibujos que completan fotografías o recortes, juegos como Pictionary… Las opciones son infinitas y no hace falta dedicar mucho tiempo ni entretenerse en los detalles del dibujo. Mirad cómo hacía la lista de la compra Miguel Ángel.
- Graphic recording: Es una práctica que se está extendiendo en el ámbito de congresos, cursos y seminarios. Consiste en tomar apuntes visuales de una ponencia (o de una clase) combinando dibujos y texto. Trasladado al aula podemos proyectar un vídeo como una conferencia TED de algún tema de interés para los alumnos para que tomen apuntes de la ideas expuestas de la manera más visual posible. Podemos valorar más positivamente un graphic recording cuanto más claro y fácil de recordar resulte a su creador. Es importante recalcar que no pretende ser estético ni naturalista sino sencillo, completo y esquemático.
- Test de creatividad: Algunos tests de creatividad como el de la imagen no sólo sirven para medir nuestra imaginación sino también para practicar el dibujo. Partiendo de una forma geométrica podemos hacer infinidad de dibujos cuya finalidad no es colgar de las paredes de ningún museo sino visualizar una idea de forma clara y comprensible para cualquiera.
El fin último de todas estas actividades es que los alumnos pierdan el miedo a expresarse gráficamente y adquieran progresivamente mayor confianza y destreza para plasmar sus ideas visualmente sobre el papel hasta incorporar la práctica del dibujo como un medio más de expresión útil en todos los ámbitos de su vida personal, académica y profesional.
Bibliografía recomendada y una infografía imprescindible:
- Acaso, M. El lenguaje visual, Paidós, Barcelona, 2006.
- Arnheim, R. El pensamiento visual, Paidós, Barcelona, 1998.
- Berger, J. Sobre el dibujo, Gustavo Gili, Barcelona, 2011.
- Hanks, K. y Belliston, L. El dibujo. La imagen como medio de comunicación, Trillas, México D.F., 1995.
- Jardí, E. Pensar con imágenes, Gustavo Gili, Barcelona, 2012.
PROCESOS CREATIVOS
http://elclipinfinito.com/2014/02/04/procesos-creativo
PROCESOS CREATIVOS
El proceso creativo es algo muy personal. Cada uno tiene el suyo y es bueno reflexionar sobre él y conocerlo, conocerse. Por lo general es algo caótico. El de algunos dibuja una espiral que parte de una idea previa que se va revisando y puliendo hasta alcanzar la pieza final. El proceso de otros se parece más a una cadena, van enlazando una experiencia inspiradora con otra hasta llegar a algo propio.
Yo he hecho este pequeño ejercicio de introspección y, poniendo un poco de orden en el caos que va siempre unido a la creatividad, he podido definir siete momentos del proceso que casi siempre se repiten.
1. OBSERVACIÓN Y REFLEXIÓN: El primer paso siempre es mental. Una vez que surge el proyecto, ya sea un encargo o una iniciativa propia, el mecanismo se pone en funcionamiento. ¿Cuál es la necesidad? ¿Qué medios tengo?
2. DE LA MENTE AL PAPEL: Casi simultáneamente, todas las ideas y conceptos que se me van ocurriendo quedan patentes sobre el papel, ya sea en forma de listas infinitas o bocetos y garabatos.
3. EN BUSCA DE INSPIRACIÓN: Antes de ponerse manos a la obra siempre surge la misma pregunta, ¿cómo lo han resuelto otros? ¿qué se ha hecho antes? Hay quien piensa que ver el trabajo de otros en este punto sólo puede condicionar tu propia creatividad pero yo digo: ¿es que acaso alguien piensa que cuando creamos algo nuevo lo hacemos de la nada? En el fondo la creatividad es la habilidad de conectar ideas de una manera significativa y original, pero nada de lo que creemos es 100% nuestro. Las ideas inspiradoras pueden proceder de cualquier medio pero a la hora de buscar algo concreto yo siempre recurro a Pinterest.
4. DIBUJAR, DIBUJAR Y DIBUJAR: Después de una buena dosis de inspiración empiezan a aparecer las primeras ideas y con ellas los primeros bocetos: hora de dibujar. A veces en este punto me aproximo a algo que empieza a funcionar pero no siempre es así…
5. BLOQUEO: Es inevitable, en un momento u otro del proceso puede aparecer ese gran muro, a veces tan alto que no hay quien vea nada por encima de él. Lo importante es no quedarse ahí. El bloqueo es parte del proceso y, aunque momentáneamente no podamos verlo, siempre hay vida al otro lado.
6. EVASIÓN: Lo mejor para superar un momento de bloqueo es tomarse un descanso, vaciar la mente y alejarse todo lo posible del papel o del ordenador. Un paseo, una siesta, una ducha… Sorprendentemente es justo en ese momento de evasión (para algunos al volver al trabajo después de él) cuando de repente ¡click! todo encaja.
7. CREACIÓN: Es una sensación mágica en que las ideas fluyen. La intuición juega un papel fundamental, es la que te dice que lo que has hecho funciona y encaja contigo. Te sientes cómoda y recuerdas por qué te encanta lo que haces, sea lo que sea.
Este es mi proceso creativo, ¿cómo es el tuyo?
miércoles, 5 de marzo de 2014
EL ARTE DE LA CONVERSACIÓN
http://www.elespectador.com/opinion/el-arte-de-conversacion-columna-478013
Las competencias lingüísticas son cuatro: leer, escribir, hablar y escuchar.
Por: Julio César Londoño
Los gobiernos, los educadores y las editoriales (por supuesto) insisten mucho en la promoción de las dos primeras y descuidan las dos últimas. Supongo que suponen que todo el mundo sabe hablar y escuchar; que son operaciones naturales, como robar o respirar, y que la lectura y la escritura en cambio requieren un entrenamiento especial, como la respiración bajo el agua o el robo en gran escala.
Quizá tengan razón, pero harían bien en dedicar parte de sus esfuerzos al cultivo del arte de hablar y al desarrollo de esa paciencia que se requiere para escuchar bien.
Yo sugeriría poner especial atención al oficio de saber escuchar, porque el arte de hablar, al menos el de hablar en público, está estudiado. Hay tantos culebreros, pastores, políticos y vendedores en el mundo, y son tan lucrativas estas profesiones, que la habilidad de hablar en público se aprecia y se compra muy bien.
El monólogo no necesita mucho fomento porque, como nadie ignora, no hay nada más musical que el sonido de nuestra propia voz. Escuchar al otro, en cambio, es una actividad poco apreciada. “No hay nada más parecido a un sabio que un bobo callado”.
Estoy seguro de que la materia más urgente en el pénsum es el cultivo de esta competencia tan olvidada que ni siquiera tiene un nombre aceptable, como lo tienen las otras: lector, escritor, orador. Un “escucha”, en cambio, es un sustantivo feo. Ejemplo: “saludamos a nuestros escuchas”. Horror. “Oidor” tiene tufo a Colonia, sabe a sapo y suena a “chuzada”. El “oyente” es un sujeto pasivo, como los que oyen radio.
Deberían enseñarnos a escuchar bien, es decir, a tratar de entender lo que el otro quiere decirnos, a escucharlo con los oídos y con el corazón. Creo que muchos de nuestros problemas sociales y personales provienen de nuestra incapacidad para escuchar, de una terca e inveterada sordera.
El que sabe escuchar reúne más información que el parlanchín; y resulta siempre un buen interlocutor porque el primer requisito del buen conversador no es, como muchos creen, ser muy culto o tener una gran habilidad verbal. El buen conversador es, ante todo, alguien que sabe escuchar. Conozco personas inteligentes y muy informadas que resultan insoportables porque son sordas y les cuesta mucho la pausa, un elemento esencial en la gramática de la conversación, como los silencios en la música. A ratos fingen escucharte y hasta asienten con la cabeza mientras les hablas, pero en realidad están pensando en cómo retomar su propio discurso, o en cómo refutar el tuyo. Mientras te miran a los ojos con expresión atentísima, sólo están esperando una pausa tuya para asestarte un contraejemplo de alto poder. Son eternos adolescentes. Para ellos la conversación es siempre un pulso intelectual, nunca una manera de pensar con el otro.
Nadie niega la importancia de cada una de las competencias lingüísticas. Pero si consideramos que sólo a veces somos lectores o escritores, y en cambio tenemos que hablar y escuchar todos los días, es claro que la educación debería ocuparse más de estas que de aquellas competencias.
Soy escritor y me gusta serlo, pero anhelo el día en que no tenga que escribir tanto como ahora, en que pueda escribir menos y leer más. O lo mismo, pero más despacio. La lectura es una actividad más rica, más relajada, menos pedante, más civilizada. Sin embargo, puedo concebir la vida sin lecturas. Sería muy desgraciada, en cambio, una vida sin conversaciones, es decir, sin amigos para compartir el vino y la comida y tramar proyectos; sin una amiga para discutir con ella... y luego reír con ella y decirse cosas íntimas antes, durante y después.
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